26 sept 2013

Dinero.

Rostros infinitos dentro de un mar de gente, transeúntes sin rumbo fijo, sin escape,dilatante de una realidad sufrida, engañada, impuesta.
A la espera del tiempo, a su dulce indulgencia llena de resignación, de ansiedad y culpa.
Atados a una moneda de cambio, forjada de sudor, lagrimas, amargura y decepción.
Donde lo único que no vale son los sueños, atado a una silla, con las alas rotas y las heridas abiertas, dispuestas a ser lamidas a conciencia, con dulzura eterna.

La misma que me fue negada de antes, de siempre y por siempre, cansada de rasgar con mis propias uñas, cansada de hacer espacio para este silencio que no cabe mas debajo de mi cama

cocina.

La noche pasa tranquila, pero mi mente no. La mañana llega fresca pero mi cuerpo no, un sueño mas distante, uno mas inalcanzable y el otro... Ya lo olvide
Transcurre el dia, un fogón por aquí, una orden por allá, ya es tarde para una comida más, gotas caen de mi frente y tu cada vez mas lejos conmigo en otro lugar, de mi mas allá de lo que alguna vez creí.
Cansancio.
Lavar, secar, barrer y los reclamos no pierden espacio, los errores cada vez mas continuos y la pequeña voz no deja de insistir: estarías mejor con él.
Comer, cerrar, huir de la que alguna vez fui, de lo que soy y muy probablemente de lo que seré. Nadie experimenta en cabeza ajena y nadie ve mas allá de una careta.
Lavar, tender, dormir y esperar jamás volver a despertar.